— Naturalmente.

Cualquiera que fuese la opinión de Faivonen acerca de Beedee, sus sentimientos hacia aquella «cosa» eran fundamentalmente amistosos. Aquel diamante era una personalidad. Era incluso una persona. Su conversación normal casi hubiera podido ser grabada a la hora de la sobremesa en una convención científica; y para sus dos primeros días en Medea resultaba más excitante que una charla de sobremesa. Las únicas complicaciones se debían a los interminables problemas planteados entre el ciclo de veinticuatro horas de Faivonen y la rotación de setenta y cinco horas del satélite. Tenía que malgastar horas por la «noche». Los soles blancos y la continuidad de la aurora le concedían bastante luz para permitirle viajar cuando los soles anaranjados se hallaban por debajo del horizonte, pero el hombre y la máquina se mostraban reluctantes a ello. La vista era lo suficientemente escasa como para poder dejar de ver un dato importante, posibilidad que molestaba a Beedee aun más que al hombre. Reunir y almacenar información era el principal motivo del diamante, el equivalente de una combinación de hambre, sed y libido. Al tercer día, Faivonen despertóse pronto, al oír la voz de Beedee en su oído.

— ¡Elisha!. ¡Algo intenta reptar hasta nosotros silenciosamente!. Prepara las armas.

El hombre salió de su colchoneta neumática con el mayor silencio y la máxima rapidez posible.

— ¿Está muy lejos? — inquirió, sin saber qué resultaría más apropiado: el arco, el hacha o el cuchillo.

Ignoro la distancia lineal, puesto que no sé cuál es la energía sonora que produce. Si mantiene su actual promedio de avance, llegará dentro de unos cien segundos.

Faivonen ya estaba de pie; cogió el arco y le puso una flecha.

— ¿Qué dirección?

Las cuatro hacia donde miras ahora.

Faivonen giró a la derecha. No veía nada, pero había muchas matas, de tres metros de altura, que le impedían ver. Aún no oía nada, pues el suelo se hallaba cubierto casi por completo de musgo y hojas blandas, igual que en muchos trechos de Medea, por lo que incluso un animal grande apenas produciría ruido.



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