Faivonen hizo una pausa y tras una corta reflexión, añadió: — podríamos apostar por los vientos, que nosotros creemos afectados por la estación y las mareas. ¿Qué intensidad alcanzarán al tercer mediodía a partir de ahora? Yo sólo puedo calcularlo muy elementalmente, mientras que tus cálculos no significan nada sin unos datos referentes a la forma y longitud del valle y a la zona en que se forman los vientos.

— Cierto. Mi serie de soluciones posibles es tan amplia que cualquiera de ellas seria una mera sospecha. Sí, podríamos hacer esta apuesta, pero ¿qué podemos usar como dinero?

— Si yo pierdo, recorreremos cincuenta kilómetros más allá del mundo donde mi juicio me dice que deberíamos empezar a regresar. De este modo, tú conseguirás más datos.

— Una oferta muy tentadora ¿Puedes adelantarme el criterio en que basas este juicio?

— ¿No confías en mí? Puedo darte varios en realidad, pero no puedo adivinar qué podría suceder antes o exigir una mayor altura. Por ejemplo, si caminamos unas veinte horas sin hallar un animal comestible, ciertamente pensaré en volver. Si los vientos helados llegan muy cerca del límite inferior al que puedo continuar con vida…

— Pero si llegamos al punto superlímite, tú puedes morir. Y estos, por tanto, son los mismos factores que me recomendarían el regreso.

— Bien, esto constituiría otra apuesta. Si yo no sobrevivo, alguien te encontraría alguna vez y tú habrías ganado.

— No deseo estar desconectado, ni siquiera temporalmente. No, esto no lo consideraría como una victoria.

— ¿No quieres apostar?



17 из 34