
Estos habían flotado en número creciente, a veces hacia la bahía, a veces adelantando a los viajeros hacia la cara fría. Las mareas, si los vientos eran realmente un fenómeno de las mareas, parecían favorecer el alejamiento de Argo.
Los globos parecían flotar cada día a menos altura. Unas cien horas antes, algunos sólo habían estado a pocas decenas de metros de altura; ahora, la mayoría rozaban prácticamente el suelo escarchado. Faivonen pensó que podría atrapar a una de tales cosas por sus raíces rastreras, tentáculos o lo que fuesen. Luego, se le ocurrió que también podía suceder a la inversa. Sin embargo, como de costumbre, se negó a inquietarse.
Sugiero, Beedee interrumpió sus pensamientos, que examinemos algunas grietas o chimeneas del acantilado. De esta manera, quizás consigamos más pruebas respecto a la naturaleza de esta extraña depresión calurosa.
De acuerdo, accedió el hombre. Mientras yo subo, tú podrías escrutar todo el valle en busca de vida animal. Estamos faltos de carne, y no puedo vivir indefinidamente sólo de «queso». Es posible que esta helada haya alejado a los animales, o los haya impulsado a hibernarse o algo por el estilo.
Buena idea — concedió el diamante. Sería una lástima regresar, ahora que los datos empiezan a fluir con mas abundancia. Puedo predecir que, en los próximos diez kilómetros, este valle duplicará al menos su anchura.
Puedo continuar sin comida si tienes razón, pero antes hay que explorar la chimenea.
La chimenea en cuestión era una hendidura clásica, que desde un metro se ensanchaba hasta dos en la pared del acantilado. Parecía empezar en el punto donde la roca se elevaba en vertical; probablemente continuaba también hacia abajo, pero esta parte quedaba oculta por los cascotes que formaban la base redondeada de la pared. Era necesario trepar más de cien metros para estudiar lo que deseaban.
