Que la cosa hubiera ser llamada equipo u objeto personal era otra cuestión, claro; Faivonen sabía que era de origen artificial, pero no podía considerarlo como una simple computadora. Decía demasiadas cosas que velaban una personalidad. Entre el entramado de átomos que formaban la estructura básica de aquello existía una programada tendencia aprendida o generada, a imitar el lenguaje humano, así como las voces y los giros. Cuando lo encontró el cadáver de Ruta le había hablado con la voz de su esposa.

Inmediatamente llegó a un compromiso: Beedee había prometido no repetir la ofensa.

¿Cortesía? ¿Simpatía? Faivonen lo ignoraba, pero tampoco podía dejar de considerar al objeto como una persona, lo mismo que siempre había hecho su mujer.

Naturalmente, una persona está viva, y las cosas vivas no emanan de simples fuentes de energía. Las cosas vivas, cuando desaparece su fuente de energía y dejan de actuar, no vuelven a empezar hasta después de períodos de tiempo indefinidamente largos.

Beedee había estado «muerta» dos años entre la muerte de Ruta y el descubrimiento de su cadáver por parte de Faivonen. Él (¿?), había estado «muerto» durante dos mil millones de años entre el tiempo en que él (?) se había hundido con un barco en su mundo semejante a la Tierra, y el tiempo en que él (?) había sido descubierto por la abuela de Ruta en un planeta falto de aire, que sobrevivía bajo un gigantesco sol rojo, en un montón de óxido de calcio que había sido el depósito de la caliza marina.

Sólo las máquinas pueden desconectarse y conectarse, por lo que Beedee debía de serlo, y no un él o una ella. Y la experiencia de Faivonen insistía en esto.

¡Elisha! Hay un enorme animal detrás del arbusto… a treinta metros de las dos en punto. ¿Tienes hambre? ¡Pues prepárate!

Se hallaban a dos kilómetros de la bahía, y el hombre estaba más hambriento que al iniciar el viaje.



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