– ¡Lo que este país necesita es un rey judío! -oyeron que alguien decía cuando Teddy encontró una mesa en un rincón.

– Bien, papá -dijo Teddy después de haber pedido las bebidas-. Quieres hablar, pues hablemos.

– ¿Es una chica limpia? -fue la primera pregunta que Costa le hizo.

– Con una simple mirada tendrás tu respuesta -dijo Teddy.

Costa se sintió mejor cuando Teddy le contó que ella era estudiante de enfermería y su padre médico. Creyendo que causaría buena impresión, Teddy elogió la inteligencia de su enamorada.

– ¿Sabe cocinar? -preguntó Costa.

– Va a aprender más que de prisa -dijo Teddy-. La hago llevar un librito de notas con recetas étnicas. Las recorta de las revistas.

– Yo no soy un tipo de griego anticuado -dijo Costa-. Si estuviera mi padre en mi lugar tú ya no presentarías ningún problema. El te diría directamente: «Una chica norteamericana, para el placer; una chica griega, para formar familia.» Tu abuelo, vino a este país totalmente solo. Cuando tuvo dinero y una embarcación propia, supo que había llegado el momento de buscar esposa.

– Lo sé, papá, lo sé.

– Regresó a Kalymnos, escogió a tu abuela. Creía en la sangre. Y yo también. Pero menos. Para tu madre yo sólo fui hasta Asteria, Queens. Por ello la noche pasada rogué a Dios que me ayudara a comprender tu problema. Sin plegaria, y mi creencia en ella, no hubiera venido aquí. En conferencia telefónica es fácil decir que no. Y ahora, cuando te pregunto ¿sabe cocinar?, tú tendrás una idea, espero, de que yo soy un padre con el que puedes hablar, ¿verdad?

– Sé todo eso, papá. Mira, quizás es mejor que te afeites antes de que vayamos a buscarla.

– Otra cosa más, Teddy, y después nos vamos. Ve, que te den la cuenta.

– ¿Qué cosa más?

– Quiero que mi nieto tenga mi nombre. ¿Es posible eso?

– Sólo dime cuándo quieres la entrega -dijo Teddy.



13 из 450