
– Shit! -Víctor lo interrumpe con un rabioso golpetazo sobre el klaxon; y con un movimiento de cabeza le señala a cuatro ciclistas que ocupan todo el ancho de la calzada.
– Look at those assholes.
Toca otros dos bocinazos. Luego por cuarta vez, y los tipos ni se inmutan. Uno de ellos, que pedalea con indolencia, hace un gesto obsceno con la mano, sin darse vuelta.
– Pa' tu madre… -le grita Víctor, y sigue en español-. ¡Cómo se les ocurre, carajo!
En efecto, los ciclistas no van por su senda sino que ocupan toda la calzada del Malecón.
¡Fuan fuan, fuaaan!
– Ni modo, ¡puta madre!: Mira a los hijos de la chingada; van platicando, como si se pasearan por un pinche parque.
Cada vez que se irrita en español, Víctor se vuelve mexicanísimo
Para adelantarlos, se decide a transgredir la divisoria y acelera con rabia sobre la senda opuesta. Cuando retoma la suya, en vez de alejarse, aminora bruscamente la velocidad y se aparea junto a otra ciclista que, ella sí, avanza correctamente por la senda de las bicicletas. Consciente ya del soberbio accionar de aquellas nalgas que viera furtivamente de perfil, frena, la deja adelantar, y tan deslumbrado queda, que ni oye los insultos y protestas de los ciclistas desplazados.
Varios meses después de aquella insólita maniobra, que marcaría su vida, Víctor no habría podido explicar sus móviles.
¿Lo hizo por fastidiar a los cuatro güevones? ¿Por demostrarles que obstrucción con obstrucción se paga? ¿Habría querido provocarlos?
Provocar a choferes y ciclistas no era hábito suyo. Ni intercambiar insultos gratuitos.
Un nublado destello de su memoria subliminal le indujo varias veces a preguntarse si el insólito frenazo, no habría sido una mera reacción hormonal, un imperativo emanado del fondo de sus testículos, cursado desde el cerebro al pedal en milésimas de segundo. Recordaba incluso que tardó mucho en darse cuenta de por qué los cuatro pendejos se le habían atravesado. ¡Claro! Con semejante culo adelante, ninguno quiso alinearse sobre la senda de los ciclos. Y en cuanto su coche les vedó el espectáculo, los dos de la derecha se apretaron hacia el otro lado.
