– ¿No es curioso? Creo que quiero lo mismo-.

Ella tomó un último sorbo. -Entonces será mejor que empecemos. -

Más tarde, demasiado perezosa para vestirse, se colocó una bata mientras Roarke programaba más café y un desayuno completo irlandés para dos personas. Era todo tan… hogareño, pensó. El sol de la mañana golpeaba en las ventanas de la habitación, más grande que el apartamento en el que había vivido dos años antes. El próximo mes harían dos años de matrimonio, pensó. Él había entrado en su vida, y todo había cambiado. Él la había encontrado, ella lo había encontrado, -y todos aquellos lugares oscuros dentro de los dos se habían vuelto un poco más pequeños y un poco más brillantes.

– ¿Qué quieres hacer ahora?- Le preguntó.

Lo miró cuando cargó los platos y el café en una bandeja para llevarlos a la sala de estar.

– Pensé que el programa era no hacer nada.-

– Puede no ser nada, o puede ser algo. Por ejemplo ayer, hubo mucho de nada. Probablemente hay algo en las reglas del matrimonio que puedas escoger para hoy. -

– Ah, sí, las reglas.- Bajó la bandeja. -Siempre un policía.-

Galahad no quitaba los ojos de los platos como si no hubiera comido en días. Roarke apuntó con un dedo de advertencia hacia él, así que el gato volvió la cabeza con disgusto y comenzó a lavarse.

– Mi elección entonces, ¿no?- El cortó sus huevos, pensándolo. -Bueno, vamos a pensar. Es un bonito día de junio. -

– Mierda-.

Levantó la frente.

– ¿Hay algún problema con junio, o con los días hermosos?-

– No. Mierda. Junio. Charles y Louise. -Frunciendo el ceño, mordió el tocino. -La boda. Aquí-.

– Sí, el próximo Sábado por la noche, y hasta donde yo sé, eso está todo bajo control.-

– Peabody dijo que, debido a que soy la amiga más antigua de Louise- la madrina de honor o lo que sea-, se supone que debo estar en contacto con Louise todos los días esta semana para asegurarme de que no necesita que yo haga algo.- El ceño de Eve se oscureció cuando pensó en Peabody, su pareja. -Eso no puede ser correcto, ¿verdad? Todos los días? Es decir, Jesús. Además, ¿qué diablos podía ella necesitar que yo haga? -



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