
– ¿Mandados?-
Ella dejó de comer, entrecerró los ojos en él. -¿Mandados? ¿Qué quieres decir con mandados? -
– Bueno, yo estoy en una situación de desventaja ya que nunca he sido una novia, pero mi mejor conjetura. Confirmar los detalles con la floristería o los proveedores, por ejemplo. Ir de compras con ella para ver los zapatos o la ropa de la boda o de la luna de miel…
– ¿Por qué haces eso?- Su voz sonaba tan agraviada como su cara. -¿Por qué me dices estas cosas, después de que me sacudiste el mundo dos veces en una mañana? Eso es cruel. -
– Y probablemente cierto en otras circunstancias. Pero conociendo a Louise, lo tiene todo bajo control. Y conociéndote, si Louise quería que alguien fuera con ella a la tienda de zapatos, le hubiera pedido a alguien más que fuera su madrina de boda. -
– Le hice la despedida.- Con su risa casi ahogada, le pinchó con un dedo el brazo. -Fue aquí, y yo estaba aquí, así que sé cómo hacerlo. Y me estoy haciendo un vestido y todo eso. -
Él sonrió, divertido por su desconcierto y -un ligero miedo – cuando se trataba de ritos sociales. -¿Y cómo es ese vestido?-
Ella troceó sus huevos. -No sé lo que parece, exactamente. Es una especie de color amarillo. Louise eligió el color, y ella y Leonardo estuvieron de acuerdo sobre eso. El médico y el diseñador. Mavis dice que son magníficos al cuadrado. -
Ella consideró el estilo particular de su amiga Mavis Freestone. -¿Porqué me da un poco de miedo, ahora que lo pienso? ¿Por qué lo estoy pensando? -
– No tengo ni idea. Puedo decir que, si bien el gusto de Mavis en la moda es… único, como tu amiga más cercana ella sabe perfectamente lo que te gusta. Y Leonardo sabe exactamente lo que más te conviene. Te veías exquisita día de nuestra boda. -
