
– Eso ya lo habíamos deducido. ¿Qué demonios está pasando, Riley? Te has saltado tus dos últimos controles.
Un escalofrío le recorrió la espalda.
– ¿Qué quieres decir? -Ella nunca se saltaba los controles. Nunca.
– Quiero decir que hace más de dos semanas que no sabemos nada de ti.
Capítulo 2
Riley dijo lo único que se le ocurrió.
– Me…, me sorprende que no hayas mandado ya a la caballería.
Bishop dijo agriamente:
– Quería mandarla, créeme. Pero aparte de que todos los equipos estaban fuera, tú insististe en que podías ocuparte sola de la situación y en que no me preocupara si tardabas algún tiempo en contactar. No es buena idea que cualquiera de nosotros deje de dar señales de vida. Pero eres una de las personas más capaces y autosuficientes que conozco, Riley. Tuve que confiar en que sabías lo que hacías.
Casi distraídamente, ella contestó:
– No te estaba criticando por no acudir al rescate, sólo me sorprendía que no lo hubieras hecho. -Lo cual significaba que el propio Bishop estaba metido «hasta el cuello» en un caso que no podía dejar. Le dijera ella lo que le dijera, Bishop solía vigilar de cerca a su gente y rara vez permanecía fuera de contacto más de un día o dos en el curso de una investigación.
Claro que probablemente también habría intuido algo si ella hubiera estado en peligro real. O, en todo caso, lo había intuido más de una vez en el pasado. Le pasaba con algunos de sus agentes, aunque no con todos, desde luego.
– Y de todos modos estoy bien -dijo ella-. Al menos…
– ¿Qué? Riley, ¿qué demonios está pasando?
Su pregunta le hizo torcer el gesto, porque si Bishop no sabía lo que estaba pasando, era muy probable que estuviera metida en un buen lío.
¿Cómo se las había arreglado para meterse en una situación lo bastante peligrosa como para cubrirla de sangre y provocar, aparentemente, una amnesia a corto plazo, ocultando al mismo tiempo lo que estaba sucediendo a la formidable percepción telepática del jefe de la UCE?
