
En cuanto a su vida reciente…
Santo Dios, ¿qué era lo último que recordaba? Recordaba vagamente haber alquilado la casa, recordaba más o menos haberse instalado en ella. Llevar cajas y bolsas desde el coche. Ordenar las cosas. Pasear por la playa. Sentarse en la terraza en la oscuridad de la noche, sentir la brisa cálida del océano en la cara y…
No estaba sola. Había alguien allí fuera, con ella. El recuerdo vago y confuso de voces susurradas. Risas sofocadas. Una caricia que sintió, por un instante fugaz, tan intensamente que se miró la mano, asombrada.
Y luego desapareció.
Por más que lo intentaba no lograba recordar nada más con claridad. Todo se volvía una maraña confusa dentro de su cabeza. Sólo había fogonazos, la mayoría de los cuales no tenían sentido para ella. Caras que no conocía, lugares en los que no recordaba haber estado, retazos fortuitos de conversaciones que no entendía.
Destellos sincopados por punzadas de dolor en la cabeza.
Achacó a la jaqueca el enorme espacio en blanco que formaba su pasado reciente, salió de la ducha y se secó. Era sólo el dolor de cabeza, desde luego. Se tomaría un par de aspirinas, comería un poco, metería algo de cafeína en sus venas y entonces se acordaría. Claro que sí. Se envolvió en una toalla, cogió otra vez el arma y volvió al dormitorio en busca de ropa limpia.
Al abrir los cajones y echar un vistazo al armario, cayó en la cuenta de que llevaba allí algún tiempo. Se había instalado de verdad, mucho más de lo que tenía por costumbre. Aquél no era su desorden de siempre, viviendo de una maleta. Su ropa estaba perfectamente ordenada en los cajones y colgada en el armario. Y no sólo había ropa de playa.
Ropa informal, sí, pero también varias cosas elegantes, desde bonitos pantalones de vestir a blusas de seda, pasando por vestidos. Hasta zapatos de tacón y medias.
