
– No has saltado a un tren cualquiera, chico. Te has subido al Escuadrón Volador de El Espectáculo Más Deslumbrante del Mundo de los Hermanos Benzini.
– ¿El qué? -digo.
Camel se ríe tan fuerte que se dobla por la mitad.
– Ah, esto es genial. Realmente genial -dice sorbiendo y secándose las lágrimas con el dorso de la mano-. Ay, Dios. Has caído de culo en un circo, chico.
Le miro y parpadeo.
– Eso de ahí es la gran carpa -dice levantando la lámpara de queroseno y señalando con un dedo torcido los inmensos rollos de lona-. Una de las carretas de la carpa se cayó de la rampa y acabó hecha trizas. Por eso está aquí. Puedes buscarte un sitio para dormir. Faltan unas cuantas horas para que lleguemos. Pero no te pongas demasiado cerca de la puerta. A veces cogemos las curvas muy cerradas.
TRES

Me despierta el chirrido prolongado de los frenos. Estoy mucho más hundido entre los rollos de lona de lo que lo estaba cuando me quedé dormido, y me siento desorientado. Tardo un segundo en caer en la cuenta de dónde me encuentro.
El tren frena a trompicones y resopla. Blackie, Bill y Grady se ponen en pie y salen por la puerta sin decir palabra. Una vez se han ido, Camel se acerca caminando con dificultad. Se agacha a mi lado y me empuja.
– Venga, chaval -dice-. Tienes que salir de aquí antes de que lleguen los hombres de la lona. Voy a intentar colocarte con Joe el Loco esta mañana.
– ¿Joe el Loco? -digo mientras me siento. Me pican las espinillas y el cuello me duele como un hijo de puta.
– El jefazo de los caballos -dice Camel-. Bueno, del ganado de carga. August no le deja ni acercarse a los animales de pista. La verdad es que seguramente sea Marlena la que no se lo permite, pero no hay ninguna diferencia. Y tampoco te lo permitirá a ti. Con Joe el Loco por lo menos tienes una oportunidad. Hemos tenido una racha de mal tiempo y terrenos llenos de barro y algunos de sus hombres se hartaron de trabajar como esclavos y se largaron. Se ha quedado un poco escaso de personal.
