Bajo la mirada para comprobar que los frenos están echados y me levanto con cuidado apoyándome en el brazo de la silla de ruedas para hacer el arriesgado cambio al andador. Una vez que he logrado estabilizarme, me aferró a los asideros de goma gris de los brazos y empujo el andador hasta que tengo los codos estirados, que resulta ser exactamente la anchura de una de las baldosas del suelo. Arrastro el pie izquierdo hacia delante, me aseguro de que está firme y arrastro el otro a su lado. Empujo, arrastro, espero, arrastro. Empujo, arrastro, espero, arrastro.

El pasillo es largo y mis pies no responden como antes. A Dios gracias, no es como la cojera que tenía Camel, pero me obliga a ir bastante despacio. Pobrecillo Camel; hacía años que no me acordaba de él. Los pies le colgaban inertes al final de las piernas de manera que tenía que levantar las rodillas y balancearlos hacia delante. Yo arrastro los pies, como si pesaran, y como tengo la espalda encorvada, me paso el día mirándome las zapatillas enmarcadas por el andador.

Me lleva un rato llegar al otro lado del pasillo, pero al final lo consigo… Y sobre mis propias piernas. Estoy feliz como un chiquillo, aunque una vez allí me doy cuenta de que luego tendré que volver.

Las ancianas señoras se separan para hacerme sitio. Éstas son las activas, las que pueden moverse por sí mismas o tienen amigas que las empujan en la silla de ruedas. Estas chiquillas todavía conservan la lucidez y son muy buenas conmigo. Yo soy un ejemplar raro por aquí: un anciano en un mar de viudas a las que todavía duele en el alma la pérdida de sus hombres.

– Eh, a ver -cloquea Hazel-. Dejad que Jacob eche una mirada.

Retira la silla de ruedas de Dolly unos pasos para atrás y se acerca a mí, dando palmas y con un brillo especial en sus ojos lechosos.

– ¡Oh, es muy emocionante! ¡Llevan así toda la mañana!

Me arrimo al cristal y levanto la mirada, entornando los ojos para protegerme de la luz del sol. Éste brilla tanto que me cuesta un momento ver lo que pasa. Luego las formas empiezan a aclararse.



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