—Hola, Phil —dije.

Amy también contestó a su llamada.

—¿Qué?

—¿Qué?

—¿Nueva York?

—¿El qué?

—¿Dónde?

—¿El World Trade Center ? ¿Eso no es…?

—¿Un avión? ¿Qué, un avión grande como un Jumbo o así?

—Quieres decir que, o sea, ¿te refieres a los dos rascacielos?

Kulwinder regresaba por entre la muchedumbre mientras seguían sonando los teléfonos y las caras empezaban a parecer perplejas y el ambiente comenzaba a cambiar y a enfriarse. Ahora se dirigía de vuelta al espacio principal mientras hablaba con alguien por teléfono.

—Sí, sí, voy a poner la tele…

2. MIÉRCOLES DE REPRIMENDA

—Eso han sido los Limp Bizkit. Su versión de Misión imposible. Hace tiempo que el tema no está en las listas, Phil. ¿Intentas demostrar algo con ese título?

—Para nada, jefe.

—¿Estás seguro, Phil?

Le miré desde el otro lado de la mesa. Estábamos en nuestro estudio habitual de Capital Live! Estaba sentado, rodeado de pantallas, botones y teclados como una especie de comerciante de materias primas, porque en eso se han convertido los estudios, incluso en el tiempo relativamente escaso que llevo en el maravilloso mundo de la radio; tienes que buscar los dos reproductores de cedés (en este estudio, arriba a mi derecha, entre la pantalla del correo electrónico y la que detalla las llamadas de los oyentes) para confirmarte a ti mismo que no eres un trajeado jugando en el mercado de futuros. Solo el micrófono, que emerge en ángulo de la mesa de mezclas principal, da alguna pista.

—Segurísimo —contestó Phil, parpadeando tras las gafas.

Las gafas de Phil tenían una montura negra y gruesa, como las de Michael Caine interpretando a Harry Palmer o las de Woody Allen interpretándose a sí mismo.



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