Phil Ashby era un tipo grandote, amable, de aspecto arrugado, con el pelo grueso, rebelde y prematuramente entrecano (según Phil, las canas eran obra mía, aunque yo tenía pruebas fotográficas de lo contrario) y un leve deje del oeste; tenía una manera de hablar lenta, arrastrando las palabras, casi soñolienta, que, aunque yo nunca lo había admitido ante él, complementaba mi voz. Solemos hacer la broma de que él va permanentemente de Valium mientras que yo siempre voy de speed y un día intercambiaremos drogas y los dos hablaremos normal. Phil ha sido mi productor en Capital Live! durante este último año. Dos meses más y habría establecido un nuevo récord de trabajo radiado. Rara vez aguanto más de un año antes de que me echen por decir algo que alguien en alguna parte cree que no debería haber dicho.

—Lalo.

—¿Qué? —Esta vez me tocó a mí parpadear.

—Lalo —repitió Phil.

Solo podía verle la cabeza por encima de los diversos aparatos electrónicos y pantallas que nos separaban. A veces ni siquiera eso, no cuando Ashby hundía la cabeza tras un periódico.

—¿Ése no es uno de los Teletubbies? Lo pregunto porque sé que eres un experto.

—No; Lalo Schifrin. —Se calló y se encogió de hombros.

—Buen encogimiento de hombros radiofónico, Phil.

Tenía efectos sonoros para muchas de las sílabas silenciosas que componían el fragmentado lenguaje corporal de Phil, pero todavía estaba trabajando en uno para el encogimiento de hombros.

Arqueó las cejas.

—Bien. —Cogí un anticuado cronómetro mecánico del paño verde que cubría la mesa. Lo puse en marcha—. Vale, voy a cronometrar cuánto tardas en explicarte, Ashby.

Eché un vistazo al reloj de pared del estudio que colgaba sobre la puerta. Noventa segundos más y saldríamos de antena. A través del cristal triple, en la sala de producción donde en los viejos tiempos solían cobijarse cómodamente los productores, nuestras ayudantes parecían enfrascadas en un conflicto de baja intensidad, consistente en lanzarse aviones de papel unas a otras. Bill, el presentador de los informativos, deambulaba entre ellas ondeando el guión y gritando.



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