La mañana siguiente había sido probablemente la más embarazosa de mi vida; Emma y yo parecíamos tan avergonzados que había carecido de sentido intentar fingir ante el otro que lo ocurrido no había sido un error garrafal.

Bueno, era solo otra de esas cosas que desearías borrar de la realidad. Supuse que los dos habíamos hecho cuanto habíamos podido por olvidarlo y que solo el tiempo había suavizado la culpa; pero a veces, cuando Emma y yo nos mirábamos a los ojos, tenía la impresión de que hubiera ocurrido ayer y los dos teníamos que desviar la mirada. Yo vivía con el miedo intermitente a que Craig lo descubriera.

Supongo que era parecido pero diferente a cuando Jude y yo nos acostábamos. Y era otra relación de la que no podía hablar con nadie. Puestos a pensar en ello, por una u otra razón, no podía hablar de la mayoría de mis relaciones/líos/comoquiera que se llamen. Desde luego no podía hablar de la otra importante; la relación con Celia —Celia la esbelta, Celia la sexy, Celia la de ropa ajustada como un precinto—. Joder, alguien poco profundo podría sacar la conclusión al revisar mi vida privada de que me gustaba cierto riesgo en mis devaneos, pero esa relación en particular no solo era peligrosa, de esa relación podría haber salido herido de gravedad o algo peor.

En mis peores momentos se me ocurrió alguna vez que estos enredos —al menos uno de ellos— acabarían conmigo.

—Hacía tiempo que no nos veíamos. —Emma estaba inclinada hacia mí, hablando en voz baja, una voz que casi se perdía en el alboroto de la fiesta.

—He tenido una temporada muy frenética.

—Apuesto a que sí. He visto a Jo salir hecha una furia.



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