
Ya conocía esta zona de Idaho, en las Bitterroots. Uno de los amigos de la universidad de Derek creció aquí y siempre le decía que era una zona estupenda para escalar. Derek y él se pasaron muchos fines de semana escalando. Más adelante, cuando Derek y ella se conocieron en un club de escalada y empezaron a salir, ella se unió a las salidas de fin de semana de forma natural. Aquella zona le gustaba mucho, las rocas escarpadas, el paisaje sorprendentemente bonito, la paz que allí se respiraba. Derek y ella se habían alojado en la pensión que ahora regentaba, así que incluso conocía la casa. La antigua propietaria, la vieja señora Weiskopf, pasaba grandes apuros para mantenerla, así que cuando Cate decidió meterse en el negocio de la hostelería y le hizo una oferta, la señora no se lo pensó dos veces y ahora vivía en Pocatello con su hijo y su nuera.
El costo de la vida en Trail Stop era más bajo y, al vender el piso de Seattle, Cate ganó algo de dinero que ingresó en la cuenta de la universidad de los niños. Estaba decidida a no tocar ese dinero a menos que fuera un asunto de vida o muerte… de los niños. Ella vivía de las ganancias de la pensión, que no le dejaba dinero para muchos caprichos. Sin embargo, el negocio de los desayunos le daba un poco más de margen, siempre que nada saliera mal ni se presentaran gastos imprevistos, como la emergencia de aquella mañana. Gracias a Dios no había sido nada, y gracias a Dios el señor Harris no había querido cobrarle.
Obviamente, la vida que había elegido para ella y para los niños tenía sus ventajas y sus inconvenientes. Una de las ventajas, quizá la más importante, era que los niños estaban con ella toda la jornada, cada día. Tenían toda la estabilidad que ella podía ofrecerles y, en consecuencia, eran unos niños sanos y felices, y aquello bastaba para que decidiera quedarse. Otra ventaja era que le gustaba trabajar para sí misma. Le gustaba lo que hacía, le gustaba cocinar y le gustaba la gente de la comunidad. Sólo eran personas, quizá de mente más independiente que sus amigos metropolitanos, pero con defectos, virtudes y debilidades como todo el mundo. El aire allí era limpio y fresco y los niños no corrían ningún peligro jugando en la calle.
