Se sentó en la cama apoyada contra el respaldo del sofá. No quería coger el coche sin haber descansado un poco más pero tampoco deseaba quedarse durmiendo. Repentinamente, le parecía muy importante obedecer a Simón y desaparecer antes de que él se despertara.

Las casas quejumbrosas, pobladas de sombras, no la asustaban. Le gustaba el riesgo y todavía tenía que encontrar algo que verdaderamente la amenazara.

Sin embargo, la curiosidad era su más antigua enemiga. Se repitió a sí misma que Courtland no era problema suyo. No quería volver a meterse en problemas. En el pasado, cuando veía a alguien dolido, se lanzaba de cabeza a ofrecer su consuelo. Antes se entregaba, comprometía su alma y su corazón y siempre acababa herida, baqueteada irremisiblemente.

Una voz somnolienta le susurró que estaba haciendo una montaña de un grano de arena. ¿Para qué se preocupaba? En un par de horas estaría de nuevo en la carretera.

No había nada de lo que asustarse.

Capítulo 2

Bree durmió como un tronco, pero sus sueños fueron saboteados por un merodeador en calzoncillos azules con ojos apesadumbrados y heridos, que la persiguió por los bosques para atraparla una vez bajo los árboles sombríos y otra en un prado a la luz de la luna. En las dos ocasiones le quitaba la ropa sin miramientos y la poseía con una creatividad apasionada y sin inhibiciones. Eran unas escenas desagradables y duras.

Cuando Bree abrió los ojos el solo había subido mucho en el cielo. En su cabeza somnolienta sólo cabía un pensamiento, tenía que salir de allí.



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