– Buenas noches -dijo antes de dar media vuelta y subir las escaleras.

Bree lo contempló hasta que lo perdió de vista. Estaba empapada pero se sentía acalorada. No había ningún motivo para que su corazón latiera tan apresurado.

No le cabía la menor duda de que lo había molestado. Pero la rudeza de Courtland no le había importado. No tenía ningún motivo para dar la bienvenida a un visitante molesto e inesperado, sin embargo Bree había visto en su rostro las severas líneas de la extenuación. Tenía la impresión de que lo habían presionado mucho tiempo. Incluso un hombre rígido y autoritario se hubiera acordado de sonreír.

«¿Quién te ha sorbido la vida, «cher»?, pensó ella mientras suspiraba.

Tenía la mala costumbre de preocuparse por los demás. Naturalmente, ni los problemas de Simón eran asunto suyo, ni había posibilidad de que llegaran a serlo.

Se quitó las zapatillas y fue en busca del baño. Estaba decorado con viejos azulejos en tonos púrpura. Bree se despojó rápidamente de sus ropas mojadas y se puso bajo el chorro humeante de la ducha.

Unos cuantos minutos después se acercó al espejo empañado de vapor. Aunque Bree medía uno sesenta y cinco, le sobraba bata por todos los lados y tuvo que doblar varias veces las mangas antes de verse las manos. Al contrario de lo que había esperado, la tela no era tan abrasiva como su dueño y resultó una caricia sobre su piel.

Bree pensó que quizá se conformara con una sensualidad de guardarropa. Era un chiste para sí misma. La ducha no había conseguido relajarla, se sentía tensa por haber conducido bajo la tormenta y la casa había despertado su curiosidad.

Encontró el gabinete donde tenía que dormir. Colgó sus ropas sobre el radiador y salió de puntillas sin arriesgarse a encender ninguna luz excepto la del salón central.

La casa era terreno abonado para fantasmas y fantasías descabelladas. Los suelos de madera crujían, el viento silbaba por las rendijas. Las telarañas ocultaban los techos y había montañas de muebles cubiertos con sábanas. Aquella casa no podía ser de Simón.



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