Pero no podía durar siempre. Desde el principio había sabido que era una huida. Y también sabía de qué estaba huyendo.

Matthew no había sido su primer error, pero había constituido la gota de agua que había desbordado el vaso. Estaba harta de ser tan boba. Si alguien la necesitaba, acudía sin pensárselo. Dar formaba parte de su naturaleza. Y la confianza en la gente. Pensó que cuando se extiende el corazón ante los demás como si se tratara de una manta siempre aparece un hombre dispuesto a pisotearlo. Y ella se había descubierto repitiendo los mismos errores. Había tenido que tomar una determinación para cambiar.

Viajar sola la había obligado a endurecerse, a aprender a protegerse a sí misma y a desarrollar su capacidad de enjuiciar a la gente. La confianza en uno mismo y la autosuficiencia no eran unos rasgos de carácter innatos, sino capacidades que una mujer podía aprender a desarrollar.

Decidió dormir. Al día siguiente habría tiempo de preguntarse por qué seguía huyendo. Cuando se le cerraron los párpados pensó vagamente que no había cerrado la puerta con el pestillo. Sonrió. Podía ser impulsiva pero no era tonta. Si hubiera tenido que dormir en la casa de cualquier otro desconocido se habría levantado a cerrar. Simón la había mirado con el mismo deseo que habría mostrado por un perro. Se le ocurrió que no se había sentido tan segura en más de un año.


En mitad del sueño sus ojos se abrieron de repente. No creía haber dormido más de dos horas. Estaba de costado abrazada a la almohada, como dormía siempre. Sin embargo, no estaba acostumbrada a despertarse con el brazo de un hombre en la cintura mientras que unos muslos duros presionaban contra su trasero.



9 из 121