
– Sí, sólo homicidios, violaciones y robos comunes y corrientes. Ya no hay valores.
– Es verdad -respondí-. Pero dime, ¿hemos dado con algo interesante aquí?
El detective me miró.
– Hemos dado con un asesinato sangriento -contestó-. Una muchacha, de unos dieciséis o diecisiete años, a juzgar por el aspecto que tiene por detrás. El doctor Smith está aquí, pero aún no le ha dado la vuelta. Al parecer le dispararon a la nuca con una pistola de gran calibre, tal vez una Magnum 357. Posiblemente una 45 o una 44 especial. Pero fue algo potente; la chica tiene toda la parte posterior de la cabeza destrozada.
Yo había extraído mi libreta y estaba tomando apuntes. El detective me miró por un momento y luego prosiguió.
– Dios, uno se siente fatal al ver una muchachita como ésta asesinada.
Transcribí sus palabras al pie de la letra.
– Sin embargo, hay una cosa muy extraña, aunque no debes publicarla todavía.
– ¿Qué es?
– ¿Me prometes que no la publicarás? -insistió.
– Está bien, te lo prometo. ¿De qué se trata?
– Tenía las manos atadas a la espalda. No había visto algo así desde… -pensó por un momento- aquel gángster, el jugador que encontramos en Glades. ¿Lo recuerdas?
– Eso es lo que llaman «asesinato estilo ejecución», ¿verdad?
Martínez se rió.
– Así es. Ahora bien, ¿por qué querría alguien ejecutar a una adolescente?
– ¿La violaron?
– No estoy seguro -respondió-, toda su ropa parece estar intacta y en su sitio. No lo entiendo.
– ¿Qué lleva puesto?
– Tejanos, camiseta, sandalias. La indumentaria habitual de los adolescentes. -Hizo una pausa y levantó la vista-. ¡Vaya! -exclamó-. Aquí llegan tus hermanos y hermanas.
Miré hacia atrás y vi que había llegado la gente de la televisión. Venían en equipos, integrados por un sonidista, un reportero y un operador de cámara.
– Bueno -dijo Martínez-, luego te veo. Habla con el médico, y con aquel tipo, el de los pantalones cortos. Es el que encontró el cadáver. Habla con él. Y otra cosa…
