– ¿Qué?

– Pídeme la información a mí; Wilson tiene una hija adolescente. Esto ya lo ha afectado bastante.

– Está bien -asentí-. ¿Llevaba la chica alguna identificación?

– Más tarde hablamos -dijo el detective, y se alejó por el césped.

Al ver las cámaras, varios de los oficiales uniformados que habían estado registrando los arbustos se acercaron para mantenerlas a raya. Los tipos de televisión parecieron contentarse con grabar imágenes desde lejos mientras los policías procedían a examinar la escena del crimen. Yo regresé al coche y llamé a la redacción por la radio. Respondió una secretaria y un instante después oí la voz de Nolan.

– Y bien -dijo-, ¿qué has averiguado?

– Creo que aquí hay buen material -respondí-. Tal vez haya sido un secuestro. No lo sé. Pero es un caso muy extraño: la muchacha tenía las manos atadas a la espalda. La han matado al estilo ejecución. Aún no hay que publicar ese dato, pero podremos hacerla pronto.

– ¿Buenas fotos?

– Creo que sí. Andy Porter está entre los arbustos con un teleobjetivo. Hay muchos policías registrando el lugar.

– Suena bien. Mejor que las fotografías del desfile del glorioso Día de la Independencia que teníamos pensado publicar -comentó con una carcajada.

– Escucha, necesito que alguien haga unas indagaciones por mí.

– ¿Qué cosa? Pide lo que quieras.

– Quiero que alguien llame a la oficina de personas desaparecidas y a las comisarías locales y pregunte si alguien denunció anoche o ayer la desaparición de una chica en Gables. Es una posibilidad.

– Buena idea. Se lo encargaré a alguien antes de que a la policía se le ocurra hacer lo mismo. Hasta luego.

Colgué el receptor y bajé del coche. Notaba la sensación pegajosa y desagradable del sudor bajo el brazo. El azul del cielo parecía extenderse hasta el infinito. No había nubes: sólo el sol, el cielo azul y el calor. Eché a andar en busca del hombre que había hallado el cadáver.



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