
– Mis propios hijos son más jóvenes.
– ¿Podemos sacarle una fotografía?
– Preferiría que no -respondió, después de reflexionar por un momento-. ¿Es necesario que mencionen mi nombre en el periódico?
– Oh, sí -contesté-. Sin duda alguna.
– Pues ojalá no fuera así. Creo que no podré pegar ojo hasta que atrapen a ese tipo.
– Yo no me preocuparía por eso -dije.
– ¿Por qué no?
– Bueno, no creo que un tipo que sale a atar y asesinar jovencitas quiera meterse con un adulto. -El hombre asintió-. Pero le daré un consejo -proseguí-: yo en su lugar intentaría mantenerme alejado de la gente de la televisión. Si no, su cara aparecerá por todas partes.
– Gracias -dijo-. Lo tendré en cuenta.
Cuando lo dejé, lo vi apartarse del camino y perderse en las sombras. Me dirigí a Porter, que estaba de pie junto al automóvil, hablando por radio con el estudio fotográfico.
– He tomado una foto de ese tipo con quien hablabas -dijo-. He tenido que usar el teleobjetivo, pero creo que saldrá bien. ¿Crees que podré conseguir un primer plano?
– De ninguna manera. Además, podrías descubrirlo ante los de la televisión.
– Está bien -dijo-. Quedémonos hasta que saquen el cadáver. A los jefes siempre les gustan esas imágenes de la bolsa con el cuerpo sobre la camilla. Igual que en Vietnam; los meten en la misma bolsa negra con cremallera. ¿No es maravillosa la tecnología?
– Eres un cínico.
– ¿Y quién no?
Aguardamos a la sombra, junto al sendero, observando trabajar a los policías. Al cabo de un rato, salieron con una camilla.
– Allá voy -dijo Porter.
Se produjo un revuelo entre los camarógrafos de la televisión, que corrieron detrás de los hombres del escuadrón de rescate mientras éstos extraían el cuerpo de entre los arbustos y subían la bolsa negra a la ambulancia. Advertí que Porter se había sumado a la gente de la televisión y estaba tomando fotografías a toda velocidad. En cierto momento me miró, sonrió y señaló la bolsa que contenía el cadáver. Avisté al médico forense, que se acercaba atravesando el campo de golf, de modo que salí al sol para hablar con él. El hombre estaba encendiendo una pipa cuando lo abordé.
