
Por un instante, pensé en la muchacha del decimotercer hoyo. Probablemente hubiese pasado el día observando el desfile desde la acera. O tal vez hubiese marchado al cabo de un rato, con su cabellera rubia suelta, luciendo su juventud por el medio de la calle.
Seguí a Porter hacia el lugar de donde procedía la música, que cada vez sonaba más alta, y reconocí los compases del Barras y estrellas. ¿Qué es un desfile sin Sousa?
La multitud no era muy nutrida pero sí estaba muy atenta. Había montones de niños con globos y otros en cochecitos. La banda tocaba una pieza muy popular que apenas resultaba reconocible. Los instrumentos de viento relumbraban al sol, y los chicos marchaban al compás de la música. Porter se encaminó hacia la calle y se perdió entre la gente. Alcancé a verlo, agachándose, volviéndose, corriendo delante de los que desfilaban, tomando fotografías. Mientras la intensidad de la música aumentaba y disminuía, posé la mirada en un grupo de majorettes que avanzaban por el centro de la calle, agitando sus bastones plateados, que lanzaban destellos al girar. Las muchachas llevaban puestos uniformes dorados que reflejaban el sol de manera que daba la impresión de que cada una de ellas despedía un resplandor especial. Observé a una de las jóvenes, que marchaba a un lado. Su bastón parecía moverse alrededor de ella por voluntad propia y tenía hipnotizados a los espectadores. En cierto momento, la muchacha retrocedió un paso y lo arrojó al aire. El bastón dio varias vueltas recortado contra el azul del cielo, como si danzara al ritmo de la marcha, antes de iniciar su caída. La joven calculó el tiempo y extendió el brazo para atraparlo. Por un segundo creí que lo tenía bien sujeto, pero su mano debió de insuflarle entonces la misma vida que al lanzarlo hacia arriba, porque el palo se le escapó y cayó al suelo. La chica se detuvo por un instante para agacharse a recogerlo. Al cabo de un segundo, lo sostenía de nuevo en la mano y había reanudado su baile, pero ahora se notaba que estaba conteniendo las lágrimas. Después dobló una esquina y desapareció de mi vista.
