Volví a pensar en la joven del decimotercer hoyo. A esa edad, se tenía una percepción distinta de las cosas. La caída de un bastón provocaba el llanto. ¿Qué otra cosa? Una cita cancelada, una palabra hiriente, un examen suspendido. No había tiempo para preocuparse por la muerte ni lágrimas para los que morían.

Seguí escuchando el sonido rítmico de los bombos hasta que Porter me tocó el hombro.

– Regreso a la realidad -dijo.

2

Regresamos a la redacción por la tarde. Porter se alejó hacia el cuarto de revelado y yo me dirigí lentamente a mi escritorio. Nolan estaba sentado ante el suyo. Cuando me vio, se levantó y se acercó a mí, bailoteando, con una amplia sonrisa.

– Has dado en el clavo -dijo.

– ¿Qué?

– Parece que en Gables recibieron anoche al menos media docena de llamada de un tal Jerry Hooks y su esposa. Es un ejecutivo de Eastern Airlines; tiene un puesto muy importante y una casa enorme en la zona suroeste, ya en el municipio de Gables. También tiene una hija de dieciséis años llamada Amy. Anoche ella fue a una fiesta con unos amigos y no volvió a casa. Bingo.

– ¿Estás seguro de que es ella?

– Mi teniente de la policía lo confirmó antes de que tú llegaras. Ya ha enviado a los dos detectives a la casa. Te sugiero que los sigas.

Recuerdo que pensé que ésa era la peor parte de cubrir un suceso criminal y, en especial, un asesinato. Ver el cuerpo mutilado no era nada: sólo un momento de observación impersonal para absorber detalles. Sin embargo, visitar a la familia de la víctima era algo muy distinto. Nunca sabía qué esperar. En el pasado, los deudos me habían amenazado y abrazado, habían llorado en mi hombro y me habían gritado. «Es tan fácil estar con los muertos -me dije-, y tan difícil tratar con los vivos…» Volví a buscar a Porter, que acababa de iniciar el proceso de revelado, y de nuevo cruzamos la ciudad, esta vez en dirección al hogar de la familia afligida.



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