
– Una noticia, una noticia. Mi reino por una noticia. O al menos lo que queda de él.
– ¿Qué te parece un homicidio? -preguntó.
– ¿Quieres que cometa uno?
– Dios -resopló Nolan-. ¿Desde cuándo eres comediante?
– Lo siento -respondí-. Sólo estoy tratando de olvidarme de todo aquello.
Nolan enarcó las cejas y me miró con curiosidad mal disimulada.
– Está bien -dijo-, como tú quieras. Más tarde nos tomamos una cerveza, si quieres hablar de ello… O aunque no quieras.
Solté una carcajada, y él sonrió.
– Bueno, de momento, un homicidio -prosiguió-. La típica historia de asesinato sangriento, de policías y ladrones, para un día de pocas noticias.
– ¿De qué se trata?
– Una muchacha. Adolescente. Tal vez de familia adinerada. Hallaron su cadáver hace muy poco tiempo en el club de golf Riviera.
– De entrada, suena bien -dije-. ¿Qué más sabes, Nolan?
– No mucho. ¿Recuerdas a aquel teniente de Homicidios que dijo que nos debía un favor por mantenemos al margen durante aquel asunto del secuestro? Bueno, pues acaba de llamarme. Ha enviado allí a unos agentes. Todavía no tiene demasiada información: sólo la ubicación y el hecho de que la víctima es una chica. Podría salir algo interesante de eso. Pienso seguir cobrándome la deuda con ese teniente durante algún tiempo.
– ¿La violaron?
– No lo sé. ¿Por qué no consigues un fotógrafo y vas a echar un vistazo? Llámame por radio cuando sepas algo.
– De acuerdo. -Me puse de pie, cogí una libreta de la pila que tenía sobre mi escritorio y me encaminé al departamento de fotografía.
– Oye -me llamó Nolan-. ¿Querías mucho a tu tío?
– Cuando era pequeño -respondí-. Un poco.
A Andrew Porter le gustaba tomar las curvas con aquel automóvil grande, con una mano en el volante y la otra fuera de la ventanilla haciendo gestos a los demás conductores. En su mayoría eran jóvenes que seguramente se dirigían a las playas.
