Salió del coche después de haber tocado la bocina durante unos minutos. Cogió el cuchillo. También se llevó el brazo de la tenaza.

Sus pasos chirriaban sobre el sendero de grava. La atmósfera estaba un poco más despejada que en el centro de la ciudad. El viento se enredaba en los árboles que rodeaban el recinto. Tras la valla que según el rótulo limitaba la zona de las jirafas no se movía nada.

Sus pies no lo llevaron más allá del lugar desde el que aún divisaba su coche. Le resultaba imposible internarse por cualquiera de los senderos. El coche era su patria, su seguro.

Con el puño cerrado alrededor del mango de las tenazas, giró bruscamente y permaneció con la cabeza inclinada, escuchando.

Sólo el viento.

Los animales habían desaparecido.

Regresó corriendo al coche. Apenas se puso al volante, cerró la puerta y bajó el seguro, depositando el brazo de la tenaza y el cuchillo sobre el asiento contiguo. A pesar del calor mantuvo las ventanillas bajadas.


Había viajado con frecuencia por la A1. En Salzburgo vivía una tía suya y en Linz había tenido que dar su visto bueno con regularidad a nuevas colecciones para la empresa. Era la autopista que menos le gustaba. Prefería la A2 porque conducía al sur, al mar. Y porque tenía mucho menos tráfico.

Sin dejar de acelerar, abrió la guantera y comenzó a vaciar su contenido sobre el asiento del copiloto. Sus dolores de garganta habían degenerado en un resfriado que cada vez le incomodaba más. Una película de sudor cubría su frente. Tenía hinchados los ganglios del cuello y la nariz tan obstruida que respiraba casi exclusivamente por la boca. Marie solía llevar medicamentos contra esas dolencias comunes. Pero en la guantera no había dejado nada.

Cuanto más se alejaba de Viena, con mayor asiduidad encendía la radio. Una vez que el dial había recorrido todas las frecuencias, la apagaba de nuevo.

En el área de descanso de Grossram unos cuantos coches aparcados alimentaron sus esperanzas. Tocó el claxon. Descendió, cerró con cuidado. Caminó hasta la entrada del restaurante. La puerta automática se abrió con un zumbido.



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