
Le pregunté a Lucas cómo marchaba el caso, y me puso al tanto. Me preguntó entonces qué tal me había ido la tarde, en especial la reunión con las brujas. Por un momento, casi deseé tener un novio que no supiera ni se preocupara de mi vida más allá de su esfera de influencia. Lucas probablemente apuntaba todos mis compromisos en su agenda, para no caer nunca en la desconsideración de no preguntar por ellos.
– Me fusilaron -dije.
Un momento de silencio.
– Lo siento.
– No tiene…
– Sí, la tiene. Lo sé. Pero también sé que, en circunstancias favorables y el momento oportuno, al final te verás en la situación en que el número de brujas que pidan a gritos incorporarse a tu Aquelarre excederá con mucho tus expectativas.
– En otras palabras, ¿démosle tiempo y tendré que echarlas a bastonazos?
Una risa reprimida flotó por la línea.
– Me vuelvo menos coherente aún tras un día en los Tribunales, ¿verdad?
– Si no hablaras así de vez en cuando, lo echaría de menos. Té echo de menos. ¿Sabes ya cuándo vas a llegar?
– Dentro de tres días a lo sumo. No se trata de un juicio por asesinato. -Se aclaró la garganta-. Hablando de eso, otro caso me ha llamado la atención hoy. Un semidemonio asesinado en Nevada, aparentemente confundido con otro que estaba sentenciado a muerte por una camarilla.
– ¡Vaya!
– Exactamente. La Camarilla Boyd ni admite su error ni lleva a cabo una investigación procesal formal. He pensado que tal vez podrías ayudarme. Es decir, si no estás ocupada…
– ¿Cuándo partiríamos?
– El domingo. Savannah podría quedarse en casa de Michelle, y volveríamos el lunes por la noche.
– Me parece… -Me interrumpí-. Savannah tiene hora con el dentista el lunes por la tarde. Podría cambiarlo, pero…
– Sí, hubo que esperar seis semanas para esa cita, soy consciente. Lo tengo apuntado. A las tres, con el doctor Schwab. Debería haberme fijado antes de pedirte que me acompañaras. -Hizo una pausa-. Aunque tal vez podrías acompañarme y regresar el lunes temprano por la mañana…
