– No se moleste en sentarse -le dije-. Ésta no es una visita con té y panecillos. Ah, y estoy muy bien, gracias por preguntarlo.

Benicio volvió hacia mí su mirada vacía y esperó. Durante por lo menos veinte segundos, no hicimos más que mirarnos el uno al otro. Traté de mantenerme en silencio, pero no pude por menos de hablar primero.

– Como dije a sus hombres, Lucas está en un juicio, fuera de la ciudad. Si usted no me cree…

– Sé dónde está mi hijo.

Sentí un escalofrío en la nuca al oír el adverbio que no había sido expresado: «Siempre sé dónde está mi hijo». Nunca había pensado en eso, pero al oírlo ahora, no quedó duda alguna en mi mente de que Benicio siempre sabía dónde estaba Lucas y lo que estaba haciendo.

– Bueno, qué gracioso -dije-. Porque sus hombres me dijeron que usted tenía un mensaje para él. Pero si usted sabe que él no está aquí, entonces… Ah, ya lo pillo. No era más que una excusa, ¿verdad? Usted sabe que Lucas no está y entonces ha venido aquí con la disculpa de que quería dejarle un mensaje, esperando tener la oportunidad de conocer a su nueva novia. Usted no querría hacer eso en presencia de Lucas, porque tal vez no podría usted controlar su desilusión al confirmar que su hijo realmente sale con -ejem, convive con- una bruja.

– Tengo un mensaje -dijo-. Para los dos.

– Sospecho que no es de «felicitaciones».

– Tengo un caso que podría interesar a Lucas, y que podría ser también de especial interés para usted. -Durante el tiempo que llevábamos hablando, sus ojos no habían dejado de estar clavados en los míos, pero daba la impresión de que ahora me miraba de verdad-. Usted se ha hecho célebre tanto por haber evitado el intento de la Camarilla Nast de raptar a Savannah como por el papel que desempeñó para poner fin al asunto con Tyrone Winsloe el año pasado. El caso al que me refiero requeriría a una persona con sus capacidades.



21 из 480