Cuando se marcharon, nos dirigimos a través de las puertas dobles a una habitación pequeña de recepción y a través de otro par de puertas dobles, hasta que llegamos al santuario de Benicio. Si con anterioridad hubiese visto una fotografía de su oficina, me habría sentido tremendamente impresionada. Ahora, tras haber visto el resto del edificio, esa oficina era exactamente lo que hubiera esperado. Sencilla, nada pretenciosa, no más grande que la oficina de cualquier vicepresidente de una corporación. La única cosa notable que tenía era la vista, que resultaba aún más espectacular por la ventana misma, construida con una sola hoja de vidrio que se extendía desde el suelo hasta el techo a lo largo de toda la pared. El vidrio no tenía una sola mancha y la iluminación de la habitación había sido dispuesta de tal modo que no echaba ningún reflejo sobre el mismo, con lo que resultaba que lo que se veía no era una ventana, sino una habitación que parecía abrirse directamente al brillante cielo azul de Miami.

Lucas se dirigió al ordenador de su padre y tecleó en él una contraseña. La pantalla se iluminó.

– Voy a imprimir una copia de los formularios de seguridad mientras esperamos -dijo.

Mientras lo hacía, observé las fotos que había en el escritorio de Benicio. La primera que atrajo mi atención fue la de un niño pequeño, de no más de cinco años, en la playa, que contemplaba la cámara con una seriedad impropia de un niño de cinco años en la playa. Una mirada a aquella expresión y supe que era Lucas. Junto a él, una mujer hacía un gesto, tratando de hacerlo sonreír, pero consiguiendo sólo reírse ella misma. La amplia sonrisa infundía en su rostro algo muy próximo a la belleza. María. Su sonrisa era tan inconfundible como la mirada firme y sobria de Lucas.

¿Qué pensaban los otros hijos de Benicio cuando veían la fotografía de la ex amante de su padre expuesta de modo tan prominente, mientras que no había allí ninguna de su propia madre, la esposa legal de Benicio? Y no sólo eso, sino del hecho de que de las tres fotografías que se hallaban en el escritorio de Benicio, dos eran de Lucas, mientras que ellos tres compartían un retrato en grupo.



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