
– Pero la Camarilla puede investigar por su cuenta, ¿no es así?
Una voz chillona, cercana al otro extremo de la mesa, respondió.
– El señor MacArthur es un empleado de clase C.
Miré al que había hablado: un hombre delgado como un espectro, pálido como un espectro y vestido con un traje negro como el de un director de pompas fúnebres. Un nigromante. Sé que es un estereotipo, pero de verdad que a la mayoría de los nigromantes los envuelve un halo sepulcral.
– Paige, éste es Reuben Aldrich, jefe de nuestro Departamento de Actuarios. Reuben, la señorita Winterbourne no está familiarizada con nuestras denominaciones. ¿Podría explicárselo, por favor?
– Por supuesto, señor. -Aquellos ojos de un azul acuoso se dirigieron hacia donde yo estaba-. Los empleados se ordenan por rangos desde la clase F hasta la clase A. Solamente los empleados de las clases A y B tienen derecho al seguro por violencia familiar.
– ¿Familiar…?
Lucas se volvió hacia mí.
– Es un seguro que cubre las investigaciones de la Corporación en materias criminales tales como secuestros, ataques a las personas, asesinatos, daño psíquico o cualesquiera otros peligros que las familias podrían tener que afrontar como consecuencia de su pertenencia a la Camarilla.
Me quedé mirando a Reuben Aldrich.
– De modo que el señor MacArthur, por ser un empleado de clase C, no tiene derecho a una investigación pagada del ataque a su hija. Entonces, ¿por qué nos traen el caso a nosotros…, a Lucas?
– La Camarilla quiere contratarlo -dijo el hombre que estaba a mi lado-. La redistribución de recursos y de horas por hombre tornaría prohibitivo el costo de una investigación interna. En lugar de eso, ofrecemos al señor Cortez un contrato.
Lucas cruzó las manos sobre la mesa.
– Pagar por una investigación externa de un asalto no cubierto por el sistema de beneficios es un ofrecimiento generoso y considerado, pero… -miró a su padre fijamente a los ojos- que probablemente no contemplará los niveles de beneficio de la Corporación. Ustedes mencionaron a Paige que el ataque a la señorita MacArthur no era el primero.
