
– Hay un segundo caso que posiblemente esté relacionado -dijo Benicio-. ¿Dennis?
Dennis lo explicó. Ocho días atrás, otro adolescente, hijo de un empleado de la Camarilla, había sido atacado. Holden Wyngaard era el hijo de catorce años de un chamán. Alguien lo había seguido una noche a lo largo de varias manzanas y se había abalanzado sobre él en una callejuela. Antes de que sucediera nada, una joven pareja había entrado en el callejón y el atacante de Holden había huido. La Camarilla no estaba investigando el caso.
– Permítaseme adivinar -dije-. El señor Wyngaard es un empleado de clase C.
– De clase E -replicó Reuben-. Sus problemas con el abuso de sustancias tóxicas provocaron un descenso de categoría. Actualmente está suspendido, y por lo tanto sólo tiene derecho a los beneficios más básicos de atención sanitaria.
– ¿Pero ustedes creen que ambos casos están relacionados?
– No lo sabemos -dijo Benicio-. Si tuviésemos una prueba clara de que existe un patrón, haríamos nuestra propia investigación. Tal como están las cosas, se trata de una perturbadora coincidencia. Dado que no pensamos que se justifique el gasto de una investigación de máximo nivel, nos agradaría adoptar una actitud positiva y contratar a Lucas para que se adentre en el asunto.
– A mí, no -terció Lucas, en voz baja pero lo suficientemente firme como para que se oyese en toda la habitación-. A Paige.
– Por supuesto, si Paige quiere ayudarte…
– En este momento estoy comprometido con la defensa de un cliente, y me sería imposible ocuparme de este caso con la urgencia que ustedes requieren.
Benicio vaciló y después dijo que sí con la cabeza.
