
El teniente Falkirk disfrutaba de su primer período de sueño después del despegue. Se lo había merecido. Se había agotado vigilando las mercancías durante la operación de carga, asegurando los nudos de los flotadores de cada caja y pasando la información de tránsito a la computadora. Ahora que la nave circulaba ya por el espacio, podría disfrutar de algún descanso, mientras el resto de la tripulación se ocupaba de las tareas de vuelo. Así que, tan pronto como estuvieron en camino, se instaló para seis horas en su litera. Bajo él, los seis aspiradores de gravedad giraron en torno a sus ejes, anulando la inercia e intensificando la aceleración, y la nave se lanzó hacia la Tierra a una velocidad que alcanzaría el nivel galáctico antes de que Falkirk se despertara. Se hundió en la somnolencia. Un buen viaje. Suficiente madera de fuego verde en la bodega para que la Tierra venciera una docena de ataques de la plaga molecular y, además, muchas otras medicinas en potencia, junto con una gran cantidad de muestras minerales interesantes, y… Falkirk se quedó dormido. Durante media hora, disfrutó de un dulce sueño, la mente libre, el cuerpo relajado.
Hasta que una pesadilla espantosa se introdujo en su cerebro.
Una luz de un púrpura intenso, cálida y sombría. Algo resbaladizo que tantea los bordes de su cerebro. Él yace sobre una losa blanca, en un desierto requemado… Incapaz de moverse… Cada vez le resulta más difícil respirar. La gravedad… Una tensión terrible, que le destroza, descoyuntándole los huesos. Figuras encapuchadas que se mueven en torno a él, le señalan, se ríen, intercambian confusos comentarios en un idioma desconocido. Su piel se funde y adopta una nueva textura; púas de erizo brotan en el interior de su cuerpo, como si quisieran atravesarlo para salir al exterior, desgarrando todos los poros. Y puntos de ignición en todo su ser. Una mano fina y escarlata, con los dedos engarfiados como garras, se abre ante su rostro. Arañando, arañando, arañando. La sangre corre ya entre las púas, espesa, turbia. Tiembla, lucha por incorporarse… Alza una mano que deja restos de carne estremecida adheridos a la losa… Se incorpora…
