
– Claro, por supuesto.
Ella contuvo un suspiro de tristeza y se las arregló para no decir lo mucho que deseaba seguir hablando de su pelo un ratito más. Quizá otro día.
Le dijo adiós mientras Mac entraba en su casa, y después ella se levantó para entrar también. Sin embargo, se quedó helada con la mano sobre el pomo de la puerta.
¿Quizá otro día? ¿Era posible que ella hubiera pensado aquello? No, no, no, y no. No habría otro día, ni nada por el estilo. Mac era el sheriff de un pequeño pueblo, con una niña, y ella era un tiburón de bufete de abogados de una gran ciudad, y estaba nadando hacia la libertad. No quería quedarse atrapada allí en Los Lobos. Quería ganar dinero y tomarse una gran venganza contra la comadreja mentirosa. El chico impresionante de la casa de al lado no formaba parte de su plan.
Y, en caso de que cayera en la tentación, sólo tenía que acordarse de lo que había ocurrido la última vez que se había lanzado a aquel chico en cuestión.
Le había echado un vistazo a su cuerpo desnudo y había vomitado. Allí tenía una buena lección, una que no podía olvidar.
Emily Kendrick se frotó los ojos cerrados tanto como pudo. No iba a llorar. No. A pesar de que tuviera que pasarse el verano con su padre y su madre no estuviera allí, y nada hubiera estado bien desde hacía mucho tiempo, no iba a llorar.
Oía ruido abajo. Alguien estaba en la cocina. Antes se hubiera reído al pensar que su padre estaba cocinando. Algunas veces lo hacía, algún domingo por la mañana, o cuando ella estaba enferma y él se quedaba en casa con ella. Entonces, hacía cosas divertidas para comer, como sándwiches de queso calientes en forma de barco, o palomitas de maíz caramelizadas en una sartén. Siempre la dejaba que ayudara. Siempre…
Notó un nudo en la garganta, pero tomó aire para calmarse. No iba a pensar en aquello de nuevo. No quería pensar en el tiempo en que las cosas eran fantásticas, y su padre la lanzaba por el aire y la quería, y su madre y él se reían todo el tiempo. No iba a pensar en aquello ni tampoco en el día en que su madre se la había llevado lejos y su padre no había vuelto a encontrarlas.
