Jill se respondió la pregunta retóricamente. Tenía la sensación de que las dos conocían la respuesta.

– ¿Quieres arañarle el coche? -le preguntó su tía.

Jill se irguió y se secó la cara con el dorso de la mano.

– A lo mejor después.

– He hecho galletas. Vamos a merendar.

– Me gustaría mucho.

Bev la tomó de la mano y se la llevó a casa.

– He estado investigando un poco. Creo que quizá sea capaz de echarle una maldición a Lyle. ¿Te serviría de alivio?

A cada paso, Jill notaba que el dolor se mitigaba un poco. Quizá Los Lobos no fuera su idea de pasarlo bien, pero la casa de su tía siempre había sido un refugio.

– Eso estaría muy bien. ¿Podrías hacer que le salieran pústulas de pus?

– Podemos intentarlo.


Dos horas después, Jill y su tía se habían comido una docena de galletas recubiertas de chocolate y se habían bebido varias copas de coñac.

– No quiero hacer nada malicioso -dijo Jill, muy orgullosa por poder decir malicioso, teniendo en cuenta que todo el licor que había consumido le había convertido la sangre en fuego y el cerebro en papilla-. Así que, en vez de arañarle el coche, quizá lo aparque junto al campo de béisbol del instituto. Las bolas nulas pueden hacer un gran impacto sobre él -dijo, y dejó escapar una risa tonta.

– Estás borracha -le dijo su tía, con un suspiro.

– Sí. Y me siento muy bien, la verdad. No creía que pudiera. Creía que estaría deprimida durante días. Tengo la intención de trabajar aquí -dijo, y entonces, notó que su buen humor se desvanecía-. Está bien. Ese es un punto de la lista de las cosas en las que no debo pensar. Ni en el trabajo, ni en Lyle. Aunque realmente, el divorcio está muy bien. Ojalá nuestro matrimonio nunca hubiera existido. ¿No podríamos vaporizarlo? ¿Sería eso un asesinato, técnicamente? No importa. Sé que sí lo sería, y no quiero que me retiren la licencia de abogada. Eso sí sería deprimente.

Las migas de la galleta que se estaba comiendo se le cayeron sobre la camisa, cerca de la mancha de salsa picante, y ella se las sacudió. Lo único que consiguió fue esparcir el chocolate por la tela.



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