– ¡Cielo santo, señora Lavey! ¡Pensé que era… -sonrió, agarró la chaqueta del falso camarero y se dispuso a salir-. Yo me encargaré de deshacer el malentendido.

Sin esperar respuesta, se dirigió hacia la puerta y salió de la cocina.

Entre la multitud, divisó al atractivo hombre y su bandeja de canapés junto a una estatua. Estaba charlando con una atractiva rubia.

Se acercó a él.

– Yo me encargo de la bandeja, señor -le dijo mientras le quitaba la bandeja. Todo lo que esperaba era poder salir de allí discretamente y que el incidente quedara en una anécdota sin importancia.

Pero él decidió abandonar a la flamante rubia y seguirla.

Tess le lanzó una disimulada mirada de desconcierto.

– Ya puede volver a la fiesta. Su corta carrera como camarero ha terminado.

Él se rió y Tess se sintió aún más avergonzada. Lejos de sentirse ofendido, parecía realmente divertido por el incidente.

– Pues empezaba a gustarme. Estaba ansioso por qué me tocara la bandeja del champán.

Tess se volvió hacia él cuando ya habían llegado junto a la puerta de la cocina.

– Podría haberme dicho quién era.

Él hizo una mueca de descontento.

– ¿Y haber estropeado la diversión?

– Y, por cierto, ¿qué estaba haciendo en la cocina?

Su gesto se suavizó aún más.

– Acababa de llegar de un vuelo de trece horas y quería comer algo que no supiera a nevera. Además, en este tipo de eventos nunca da tiempo a comer. Todo el mundo insiste en hablar -agarró una copa de champán de la bandeja que llevaba uno de los camareros-. ¡Odio estas fiestas! Son terriblemente aburridas.

Tess tragó con dificultad.

– ¿Odia esta fiesta?

– No, odio las fiestas en general.

– Me alegra oír eso -afirmó ella-. Por un momento me he sentido terriblemente ofendida. Ahora, sólo me siento ligeramente molesta.

Él levantó las cejas en un gesto interrogante.

– Soy yo la que ha planeado esta fiesta: la comida, la decoración, la música -Tess se cambió de mano la bandeja y se la tendió a modo de presentación-. Soy Tess Ryan, de la empresa, La fiesta perfecta.



10 из 110