Tess nunca había creído en el amor a primera vista. Jamás se había sentido atraída por un hombre desde el primer momento. Ni siquiera sabía el apellido de aquel Drew que tan prodigiosamente la guiaba al compás de una melodía desarticulada.

Pero no importaba nada. Apoyó la cabeza sobre su hombro y se dejó llevar.

Tal vez, fuera un psicópata… Considerando la suerte que tenía con los hombres, sería lo más probable.

De momento, prefería vivir la ilusión de que aquel hombre se sentía atraído por ella.

– Estuve a punto de no venir a esta fiesta -dijo él-. Me alegro de haberlo hecho.

Tess se apartó ligeramente y lo miró directamente a los ojos.

– Estoy perdida. No sé si me estás tomando el pelo o hablas en serio.

Drew dejó de bailar y le devolvió la mirada.

– Estoy hablando completamente en serio -respondió y se inclinó lentamente sobre ella.

Iba a besarla. Durante unos segundos quiso dejar que su destino se sellara solo. Pero, inevitablemente, comenzó a recapacitar sobre lo que estaba sucediendo. ¡Todo iba muy deprisa! Aquello era lo que le sucedía a Lucy continuamente… y sabía demasiado bien cuáles eran las nefastas consecuencias de ese tipo de juegos… ¡Era tan irracional! ¡Apenas si lo conocía!

– ¡Lo siento, tengo que volver a trabajar! -se apartó de él-. Gracias por haber sido tan comprensivo.

– ¿Comprensivo?

– Respecto a la confusión de la bandeja y todo eso -dijo ella-. Supongo que nos veremos en otra ocasión. Teniendo en cuenta que soy yo la que organiza muchas de estas fiestas y que tú sueles asistir a ellas…

– ¡Por supuesto que nos volveremos a ver! -dijo, mientras deslizaba los dedos por su brazo-. Puedes apostar lo que quieras.

Tess se ruborizó. ¡Era realmente sensual!

– Nunca apuesto -respondió ella y se dirigió hacia la puerta.



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