
– Deberías hacerlo -él se cruzó de brazos-. Especialmente si sabes que tienes todas las posibilidades de ganar.
Al llegar a la cocina, Tess se detuvo unos segundos a respirar. Miró a su alrededor y trató de colocar las piezas de aquel rompecabezas en su sitio.
Estaba malinterpretando los signos. Su atención no era genuino interés.
Aquel hombre era un conquistador nato: rico, guapo, seguramente siempre rodeado de hermosas mujeres. Para él lo sucedido no había sido más que un modo de pasar el rato en una fiesta aburrida.
Agarró un trozo de apio con queso de una bandeja y le pegó un sonoro mordisco. Había hecho bien en confiar en sus instintos. No había hecho más que jugar con ella. Si le hubiera dejado, habrían acabado en la habitación de algún hotel, habrían hecho el amor apasionadamente y él habría desaparecido a la mañana siguiente.
Tess suspiró. Esa era la historia de la vida de su hermana y no le gustaba. Pero, de algún modo, lo sucedido aquella noche hacía que comprendiera a Lucy. Era francamente difícil resistirse a los encantos de hombres como aquel.
Capítulo 2
Andrew Wyatt apoyó el hombro en el contenedor que había en la entrada de servicio del museo. La recepción había acabado hacía una hora, aproximadamente, y un amigo suyo de seguridad le había garantizado que todo el mundo que estuviera aún en el edificio tenía que salir por la puerta en la que se encontraba apostado.
No podía haberse marchado antes que él.
Drew se había pasado toda la fiesta esperando verla aparecer. Siempre que asomaba la cabeza, tenía la esperanza de que lo estuviera buscando a él. Pero la ilusión se desvanecía en cuanto volvía a desaparecer. Sólo hacía su trabajo, nada más.
Aquella mujer era realmente bonita. Había salido con un buen número de mujeres hermosas, pero ninguna era como Tess Ryan. Todo en ella era sencillez: desde su peinado, pasando por su vestido negro de cóctel y sus formas suaves y delicadas.
