– No tengo ninguna cita esta mañana, ni tiempo para recibir a ningún comercial. Pídele la tarjeta y dile que lo llamaré para darle cita.

Clarise se aclaró la garganta y respondió.

– ¿Qué le digo que haga con la bandeja de canapés que trae?

Tess tragó saliva y se quedó boquiabierta.

– ¿Canapés?

A Lucy se le iluminó la mirada.

– Me encantan los canapés -Lucy se dirigió hacia la puerta.

– ¡Espera un segundo! -le gritó Tess.

– No puedo -respondió Lucy-. Tengo hora en la peluquería.

Su hermana corrió hacia ella, aún con el teléfono en la mano y la sujetó del brazo.

– Clarise, llévate al caballero de los canapés a la cocina, mete la bandeja en el refrigerador. Ofrécele una taza de café -colgó el teléfono y se dirigió a su hermana- Te acompañaré hasta la puerta.

Abrió una pequeña rendija y vio cómo Clarise se llevaba a Andrew Wyatt a la parte de atrás.

Cuando vio que ya no había peligro, acompañó a su hermana.

Lo último que necesitaba en aquel momento era un emocional encuentro entre Lucy y Drew.

Después de librarse de ella, podría solventar la incógnita de qué demonios hacía el ex novio de su hermana con una bandeja de canapés en su oficina.

– ¿Tienes algún problema? -dijo Lucy.

– Yo no, pero tú si los tendrás si le haces algo más a Andrew Wyatt.

– Pero yo…

– Lucy, yo misma llamaré a la policía y es una promesa. Ahora, vete al peluquero y piensa sobre lo que te acabo de decir.

– ¿Por casualidad te estás queriendo librar de mí?

– Lucy, tengo un negocio que atender y un cliente esperando. Ya hablaremos cuando vuelva a casa.

Tess esperó con ansiedad a que su hermana saliera por la puerta.

Aquello era demasiado para ella: Lucy en la oficina y Drew con una bandeja de canapés. Tenía que poner fin a aquel enredo.

Hizo acopio de todo su valor y se dirigió a la cocina.

Allí se encontró a Drew con Clarise, quien servía con toda meticulosidad una elaboradísima taza de café.



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