– No, la verdad es que no estoy bien. Te agradezco la invitación de anoche, pero creo que no deberíamos vernos.

De pronto, sintió su cálida mano sobre el brazo.

– ¿Por qué? Me pareció que…

– Pues no -dijo Tess, tratando de evitar sus ojos-. No eres mi tipo.

«Eres el tipo de Lucy», añadió en silencio. «Uno de esos individuos que no tiene escrúpulos con las mujeres, que es capaz de dejar tirada a una pobre e indefensa criatura, sin ningún tipo de explicación.

– Sencillamente, tengo la convicción de que salir contigo sería un error.

Drew se pasó los dedos por el pelo y agitó la cabeza.

– No lo entiendo. Nos sentimos atraídos el uno por el otro. Estoy seguro de eso. No estás casada. ¿Cuál es el problema?

– ¿Cómo sabes que no estoy comprometida con nadie?

– ¿Lo estás?

– No es de eso de lo que se trata ahora.

– ¿Y de qué, entonces?

– Pues… -Tess se aclaró la garganta-. De que estoy muy ocupada ahora. Tengo un montón de llamadas importantes que hacer y no estoy interesada en tener una relación ahora mismo. Así es que, ¿por qué no te acompaño a la puerta y olvidamos que nos hemos conocido?

Tess se dirigió hacia la puerta, pero él la detuvo.

La agarró por los hombros y ella sintió un escalofrío. ¿Cómo podía resistirse a semejante sensación?

Claro que no podía negar la atracción que sentía por él. Era una atracción como nunca antes había sentido.

¡Pero aquello era un error, un tremendo error! ¿No podría haber ocurrido con alguien menos adecuado?

Era el ex novio de Lucy y ella era su cabal y conservadora hermana Tess. No podía tener un romance con él, por mucho que aquel hombre alterara todas sus constantes vitales.

– No pienso darme por vencido -dijo él y la obligó a girar hacia él.

Tess sabía que si lo miraba estaba perdida. Pero su boca estaba tan cerca que podía sentir el calor de su aliento sobre la mejilla.



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