
Podría enviarle flores… pero no, eso no funcionaría. Las joyas podrían haber convencido a otras mujeres, pero no a Tess. Estaba completamente perdido.
Lo único que sabía era que sólo algo muy especial podría traerla hasta él.
Para poder seguir atacando, tenía que poder verla.
Drew agarró el teléfono y marcó el número de su secretaria.
– Kim, necesito que me indagues sobre cierta información. Agarra toda la lista de fiestas que tienes sobre la mesa y comprueba cuáles han sido organizadas por Tess Ryan. A todas ésas les envías una carta de confirmación de asistencia.
Drew sonrió y colgó el teléfono. Tess no iba a tener más remedio que verlo, quisiera o no.
– ¿Está saliendo con Tess Ryan? -preguntó Elliot.
Drew se apoyó sobre el respaldo y suspiró.
– Me gustaría que así fuera, Elliot. De momento, nuestra relación está en un momento difícil. ¿La conoces?
Elliot negó con la cabeza.
– Creo… creo que conozco a su hermana.
– No sabía que tuviera una hermana.
– Quizás no la tenga -respondió Elliot, con una extraña expresión de ansiedad bastante poco común en él.
Drew se encogió de hombros.
– ¿Cómo han ido las cosas en mi ausencia? -preguntó Drew.
Elliot se aclaró la garganta.
– Mi… mi coche se rompió. Utilicé su BMW durante unos días. Espero que no le importe.
– No, en absoluto. Es un coche de empresa.
– Y asistí al concierto benéfico en su lugar… -añadió-. Pensé que…
– Perfecto -dijo Drew-. Es mejor que alguien use las entradas.
– Y… he estado durmiendo en su habitación de invitados durante todo el mes, mientras me pintaban la casa.
Drew frunció el ceño.
– ¿Has estado viviendo en mi casa?
Elliot se ruborizó de pies a cabeza.
– Lo siento, pero ha sido por Rufus, señor. No tenía otra opción. Estaba muy abatido.
