
Lucy era lo que se suele llamar una excéntrica. Pero Tess sabía que su hermana, más que nada, era una niña malcriada a la que la vida había tratado con excesiva indulgencia.
Después de la muerte de su madre, su padre había intentado compensar la pérdida. Pero, mientras Tess se había hecho cada vez más fuerte y responsable, Lucy se había ido haciendo cada vez más débil y dependiente. Siempre recurría a Tess, que ejercía con gusto su papel de hada protectora.
A los quince años, Tess había asumido su responsabilidad considerando que aquello habría sido lo que su madre habría querido de ella.
Su padre, atormentado por el dolor, se había ido distanciando cada vez más, mientras que Lucy y Tess se habían ido uniendo cada vez más. Lucy encontraba en Tess el cuidado que necesitaba y, a cambio, le daba afecto y admiración.
Pero al crecer, se habían convertido en dos adultas tan diferentes como el caviar y las alubias.
Lucy se había metido en una burbuja technicolor. Era enamoradiza y romántica y se precipitaba continuamente en torbellinos emocionales y relaciones avocadas al fracaso. Su problema fundamental era que adoraba estar enamorada.
Cambiaba de novio con la misma frecuencia que Tess sacaba la basura. Lo que decía bastante más de la habilidad de Tess para ocuparse de la casa que de la de Lucy para mantener una relación.
– ¡Eres tan cruel! -gritó Lucy y le dio una patada a la cama.
– Sí, lo soy -respondió Tess-. Soy odiosa y no sé cómo soportas vivir conmigo.
Tess sabía lo que vendría después. Le esperaba una larga noche consolando a Lucy por la pérdida de su último amante, una larga noche tratando de convencerla de que aquel hombre no valía la pena.
La verdad era que, a aquellas alturas, ya se había convertido en una estupenda terapeuta, sin dudar, la mejor para su hermana. Se lo pensaría, si algún día le fallaba el negocio, lo que no era probable.
Había logrado construir una empresa potente de organización de eventos especiales y fiestas. Tess era una organizadora nata. Ya desde su adolescencia, había organizado las fiestas y recepciones que su padre daba, actuando como anfitriona.
