– ¿Por qué estás tan determinada a evitarme? -sus palabras dejaron patente su decepción.

Pero la pregunta, realmente, debía de ser otra. ¿Por qué él estaba tan empeñado en tener una cita con ella?

– Seguramente en Atlanta hay cientos de mujeres que se morirían por tener una cita contigo.

– ¿Y por qué tú no eres una de ellas?

– Ya te dije que no eras mi tipo. Es tan simple como eso. Sé que tu ego no te permite aceptar algo así, pero inténtalo por una vez.

– No me conoces. Soy un tipo estupendo. Pregúntales a Arthur y a Eleanor.

Tess se rió.

– No me cabe la menor duda. Pero seguro que has roto un centenar de corazones.

– No he tenido una cita en meses -dijo Drew-. Cualquier corazón que haya roto ya estará bien enmendado.

Tess apretó la mandíbula y lo miró con desconfianza, ¡Era capaz de decir cualquier cosa con tal de obtener lo que quería!

Pero si podía hacer que se enamorara de ella, tal vez ese sería el modo de vengar a su hermana. Luego lo abandonaría como a una zapatilla vieja.

– Se te ve un poco desesperado -dijo ella.

Drew respiró y posó las manos sobre sus hombros.

– Tess, lo estoy desde el primer momento que te vi. Estoy ansioso por conocerte un poco más. Eres hermosa, inteligente y yo…

– Adularme no te va a llevar a ninguna parte -dijo Tess, pero mentía. De no ser porque sabía muy bien quién era Andrew Wyatt, se habría dejado engañar por sus piropos. No obstante, y a pesar de su inmensa sabiduría, habría querido poder creerse lo que le decía. No todos los días un hombre se rendía a sus pies y le confesaba su admiración.

– No te estoy adulando -le aseguró-. No voy a mentir sólo para conseguir una cita.

«¡Será mentiroso!»

– Está bien, una sola cita. Si decido en ésa que no habrá más, respetarás mi decisión.

– ¡Me da la impresión de que aceptarías un fusilamiento con más entusiasmo!



35 из 110