
– Es una cena de negocios -le aseguró Tess, mientras buscaba el vestido más apropiado en su armario.
– Te has puesto sombra de ojos -comentó Lucy-. Nunca te pones sombra de ojos para una cena de negocios. Y, si no me equivoco, te has puesto mi perfume.
Tess suspiró.
– ¡De acuerdo! Es algo más que una simple cena de negocios, pero se aproxima mucho.
– ¿Quién es él? ¿Cómo es?
Tess se encogió de hombros.
– No está mal, pero tampoco es nada del otro mundo.
No había dicho una mentira tan gorda jamás.
– No pareces muy entusiasmada. ¿Cuál es su problema esta vez?
– Ninguno -dijo Tess-. Es simplemente que…
– ¿Qué? Puedes hablar conmigo con toda confianza. Siempre eres tú la que me ayudas a mí. Esta vez puedo ser yo. Tengo mucha experiencia, ya lo sabes.
Tess la miró de reojo y dudó unos segundos.
– Está bien -le dijo-. Quizás tu opinión me sea útil. Vamos a imaginar una situación en la que yo tengo una buena amiga que solía salir con un hombre. Yo conozco al mismo hombre y me pide que salga con él.
– ¡Estas engañando a tu mejor amiga!
– ¡No! No exactamente. No era mi intención engañarla. De hecho, yo ni siquiera sabía que era el mismo hombre hasta que ya fue demasiado tarde. Y mi amiga ya no sale con él -Tess se sentó en la cama-. Pero me preocupa lo que ocurrirá cuando mi amiga se entere. Tal vez, debería contárselo.
– ¿Estás loca? -dijo Lucy alarmada-. Yo no se lo diría. No es como si estuvieras saliendo con él mientras está con ella. Es un juego limpio ahora.
– Pero ¿no piensas que es un poco inmoral? Es muy buena amiga mía.
– Las amigas vienen y se van -dijo Lucy-. Pero un hombre guapo es difícil de encontrar.
Tess se levantó indignada.
– ¡Esa es la actitud que te ha causado tantos problemas! Deberías tener más amigas y menos hombres en tu vida.
– ¡Pues cuéntaselo! -la retó Lucy-. Verás lo amiga que era ella cuando te saque los ojos.
