– Es algo genético. -Dio con las llaves.

Rick entrecerró sus ojos y apretó la mandíbula.

Ambos sabían lo que él estaba pensando, pero ninguno mencionó el hecho de que no era su padre biológico.

– No tienes por qué huir.

– No estoy huyendo. De nada. Pero voy hacia algo. Se llama «el resto de mi vida».

– Podrías…

– Mira, papá, no quiero oírlo -lo interrumpió Kristi mientras lanzaba su bolso al asiento del copiloto, junto a tres bolsas de libros, dvd y cd-. Sabías que iba a regresar al colegio desde hace meses, de modo que no hay motivo para que ahora montes una escenita. Se acabó. Soy una persona adulta y me voy a Baton Rouge, a mi antigua alma máter, el colegio All Saints. No está al otro lado del mundo. Estaremos a menos de un par de horas de distancia.

– No es por la distancia.

– Necesito hacer esto. -Miró hacia Olivia, cuyo alborotado pelo rubio estaba en parte iluminado por las luces de colores del árbol de Navidad. La modesta cabaña parecía cálida y acogedora ante la incipiente tormenta, pero no era el hogar de Kristi. Jamás lo había sido. Olivia era su madrastra y, aunque se soportaban, aún no existía un estrecho lazo familiar entre ellas. Puede que nunca lo hubiera. Aquella era ahora la vida de su padre y en realidad no tenía mucho que ver con ella.

– Ha habido problemas por allí. Algunas alumnas han desaparecido.

– ¿Ya has estado investigando? -inquirió furiosa.

– Tan solo he leído acerca de unas chicas desaparecidas.

– ¿Quieres decir que se han escapado?

– Quiero decir desaparecidas.

– ¡No te preocupes! -espetó. Ella también había oído que unas chicas habían desaparecido del campus inesperadamente, aunque no se pensaba que hubiera pasado nada grave-. Las chicas se escapan del colegio y de sus padres continuamente.



11 из 462