La mayoría de las clases eran impartidas por sacerdotes y monjas, y el colegio tenía su reputación; pero ahora… ¡bah! -Agitó una mano en el aire, como si estuviera apartando un molesto mosquito-. Ahora parece que contratan a toda clase de… tipos raros; en mi opinión, ninguno que tenga un puñetero título. Imparten clases sobre vampiros y demonios y todo tipo de cosas satánicas… religiones del mundo, no solamente cristianismo, te lo advierto, y… ¡luego están esas ridículas obras moralistas! Como si aún estuviéramos viviendo en la Edad Media. Oh, y no me hagas hablar del departamento de Lengua. Está en manos de una chiflada, en mi opinión. Natalie Croft no tiene ni idea de dar una clase, y mucho menos de llevar un departamento. -Resopló mientras abría la puerta-. Desde que el padre Anthony, oh, perdón, es padre Tony porque está tan a la última que supongo que es un colega más; desde que sustituyó al padre Stephen, se han desatado todos los infiernos. Literalmente.

Con los labios apretados, Irene sacudió la cabeza mientras traspasaba el umbral de la puerta hacia el porche, débilmente iluminado.

– ¿Cómo va a ser eso de ayuda? ¿Obras moralistas? ¡Por el amor de Dios! ¿Vampiros? ¡Es como si All Saints hubiera regresado a la Alta Edad Media! -Se agarró a la barandilla y comenzó a bajar los escalones.

Una mujer de mente abierta, eso es lo que Irene Calloway no era. Kristi no quiso mencionar que algunas de las clases desdeñadas por la anciana se encontraban ya en su programa.

Después de que su nueva patrona se hubiese marchado, Kristi cerró la puerta con llave y comprobó todas las ventanas, incluida la grande del dormitorio, que llevaba hasta una antigua y oxidada salida de incendios.

Todos los pestillos de las ventanas de aquel pequeño apartamento estaban rotos. Kristi pensó que sería mejor no mencionarle la falta de seguridad a su padre. De inmediato, mientras bajaba la escalera exterior a por sus cosas, llamó al teléfono móvil de Hiram. El nieto de Irene no contestaba, pero Kristi dejó un mensaje y su número de teléfono; después comenzó a arrastrar sus escasas pertenencias a su nuevo hogar, un nido de cuervos que dominaba el muro de piedra alrededor del colegio All Saints.



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