
Con los labios apretados, Irene sacudió la cabeza mientras traspasaba el umbral de la puerta hacia el porche, débilmente iluminado.
– ¿Cómo va a ser eso de ayuda? ¿Obras moralistas? ¡Por el amor de Dios! ¿Vampiros? ¡Es como si All Saints hubiera regresado a la Alta Edad Media! -Se agarró a la barandilla y comenzó a bajar los escalones.
Una mujer de mente abierta, eso es lo que Irene Calloway no era. Kristi no quiso mencionar que algunas de las clases desdeñadas por la anciana se encontraban ya en su programa.
Después de que su nueva patrona se hubiese marchado, Kristi cerró la puerta con llave y comprobó todas las ventanas, incluida la grande del dormitorio, que llevaba hasta una antigua y oxidada salida de incendios.
Todos los pestillos de las ventanas de aquel pequeño apartamento estaban rotos. Kristi pensó que sería mejor no mencionarle la falta de seguridad a su padre. De inmediato, mientras bajaba la escalera exterior a por sus cosas, llamó al teléfono móvil de Hiram. El nieto de Irene no contestaba, pero Kristi dejó un mensaje y su número de teléfono; después comenzó a arrastrar sus escasas pertenencias a su nuevo hogar, un nido de cuervos que dominaba el muro de piedra alrededor del colegio All Saints.
