– Te quiero, ma.

– Y yo a ti.

– Estaré de regreso para Acción de Gracias.

– Cuento con eso. Cuídale y llámame seguido.

– Lo haré. Te lo prometo.

Caminaron despacio hasta el automóvil, abrazadas.

– Sabes, me cuesta creer que eres la misma chiquilla que hizo un berrinche fenomenal cuando la dejé el primer día de clases en el jardín de infantes. -Maggie acarició el brazo de Katy.

Katy respondió con una risita y se introdujo en el automóvil.

– Pero voy a ser una psicóloga infantil sensacional porque entiendo los días como esos. -Miró a su madre. -Y como éstos.

Los ojos de ambas intercambiaron una despedida final.

Katy puso el motor en marcha, Maggie cerró la puerta y se apoyó sobre ella con ambas manos. Se encendieron los faros, iluminando con un cono dorado la densa niebla del jardín boscoso. Por la ventanilla abierta, Maggie besó a su hija.

– Cuídale -dijo Katy.

Maggie levantó un pulgar.

– Adiós -susurró Katy.

– Adiós -trató de responder Maggie, pero sólo se le movieron los labios.

El motor del coche ronroneó con tristeza mientras el vehículo retrocedía por el camino, giraba, se detenía, cambiaba de marcha. Y se fue, con un siseo de neumáticos sobre pavimento mojado, dejando un último recuerdo de una mano joven saludando por la ventanilla.

Sola en el silencio, Maggie cruzó los brazos con fuerza, echó la cabeza hacia atrás y buscó algún indicio de que la madrugada estaba por llegar. Las puntas de los pinos seguían invisibles contra el cielo negro. Las gotas de humedad caían sobre el cantero de caléndulas. Experimentó un leve mareo, como si no estuviera dentro de su cuerpo, como si fuera Maggie Stearn pero se hubiese apartado para observar su propia reacción. Desmoronarse significaría un desastre seguro. Caminó alrededor de la casa, empapándose las pantuflas en el césped húmedo y enganchando agujas de pino en el ruedo de la bata. Abstraída, pasó junto a trapezoides de incandescencia que caían al jardín desde la ventana del baño, donde Katy se había dado una última ducha y de la cocina, donde había tomado su último desayuno.



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