Soportaré este día. Sólo éste. Y el siguiente será más fácil. Y el otro aún más.

Detrás de la casa, enderezó una mata de petunias que la lluvia había aplastado; quitó dos pinas de la terraza de madera; levantó tres leños que habían caído de la pila contra la pared trasera del garaje.

La escalera de aluminio estaba contra el lado norte del garaje. Debes guardarla. Está aquí desde que sacaste las agujas de pino de las canaletas la primavera pasada. ¿Qué diría Phillip? Pero siguió caminando, dejando la escalera donde estaba.

En el garaje estaba su automóvil, un nuevo y lujoso Lincoln Town Car, comprado con el dinero de la muerte de Phillip. Pasó junto al vehículo y se dirigió al sendero entre los canteros de caléndulas. Al llegar al escalón se sentó, acurrucada, envuelta en sus propios brazos. La humedad del cemento mojado le pasaba a través de la bata.

Asustada. Sola. Desesperada.

Pensó en Tammi y en cómo esa sensación de soledad la había llevado al extremo. Y temió no darse cuenta si llegara a ese punto.


Logró sobrevivir a ese primer día yendo a la escuela secundaria Woodinville y manteniéndose ocupada en los salones de economía doméstica. El edificio daba la sensación de estar desierto, puesto que sólo trabajaba el personal administrativo. Los demás profesores tardarían diez días en regresar. Sola en los salones ordenados y amplios, lubricó las máquinas de coser, limpió algunas piletas que habían sido usadas durante las clases de verano, ordenó unas fotocopias, hizo nuevas del material que se distribuía el primer día y decoró una cartelera: TRUE BLUE: CONFECCIÓN DE ROPA DE DENIM PARA EL OTOÑO.



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