– ¡Si tuviéramos tetas como éstas podríamos ser estrellas de cine! -En sexto grado, las dos chicas junto con Lisa Eidelbach recibieron elogios por cantar a tres voces Tres palomas blancas volaron hacia el mar en una reunión mensual de la Asociación de Padres y Maestros. En séptimo grado habían asistido juntas a las clases de Estudios Bíblicos y habían escrito con lápiz en los libros respuestas sagaces e irreverentes a las preguntas. En los márgenes de los libros de higiene habían dibujado estupendas partes del cuerpo masculino, años antes de saber qué aspecto tenían realmente esas partes.

En la escuela secundaria fueron bastoneras; desfilaban y se masajeaban los músculos doloridos luego de la primera práctica de la temporada, fabricaban pompones azules y dorados, viajaban en autobuses estudiantiles y asistían a bailes en el gimnasio luego de los partidos. Habían salido con muchachos de a cuatro, se habían prestado la ropa, habían compartido miles de confidencias adolescentes y dormido una en casa de la otra con tanta regularidad que cada una comenzó a dejar un cepillo de dientes en el botiquín de la otra familia.

Brookie y Maggie: amigas para siempre, habían pensado en aquel entonces.

Pero Maggie fue a la Northwestern University de Chicago, se casó con un ingeniero aeronáutico y mudado a Seattle, mientras que Glenda fue a la Escuela de Belleza de Green Bay, se casó con un agricultor que cultivaba cerezas en Door County, Wisconsin, se mudó a la granja, tuvo seis -¿o siete?-hijos y jamás volvió a cortar el cabello en una peluquería.

¿Cuánto tiempo había pasado desde que perdieron contacto? Durante un período, luego de la reunión de los diez años de egresadas, se escribieron en forma regular. Luego las cartas comenzaron a espaciarse, se convirtieron en tarjetas de Navidad y por fin hasta éstas cesaron. Maggie no asistió a la reunión de los veinte años, y en las poco frecuentes visitas a sus padres nunca logró cruzarse con Brookie.



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