Maggie se sentó en el sofá entre Cliff y Nelda; Diane, en el suelo sobre un mullido almohadón azul y Claire en un sillón a la derecha del doctor Feldstein.

Fue Maggie la que notó la ausencia. Echando una mirada alrededor, dijo:

– ¿No habría que esperar a Tammi? -Tammi era la más joven del grupo. Tenía apenas veinte años, era soltera, estaba embarazada. El padre del bebé la había abandonado y la joven luchaba por sobreponerse a la reciente pérdida de sus padres. Era la mimada de todos, una hija para los integrantes del grupo.

El doctor Feldstein dejó la tablilla en el suelo y respondió:

– Tammi no vendrá.

Todos los ojos se fijaron en él, pero nadie preguntó nada. El doctor Feldstein apoyó los codos sobre los brazos de madera de su sillón y entrelazó las manos sobre el estómago.

– Tammi tomó una sobredosis de somníferos hace dos días y todavía está en terapia intensiva. Hoy vamos a trabajar sobre eso.

El impacto los golpeó con toda su fuerza, dejándolos aturdidos y mudos. Maggie lo sintió estallar como una bomba en su estómago y extendérsele hacia las extremidades. Se quedó mirando al médico de rostro alargado e inteligente, nariz algo aguileña, labios llenos y tupida barba negra. Los ojos de él se posaron sobre cada miembro del grupo; eran ojos astutos que esperaban la reacción.

Maggie por fin rompió el silencio para preguntar lo que lodos querían saber.

– ¿Se salvará?

– Todavía no lo sabemos. Se produjo una intoxicación con Tylenol, de modo que el cuadro es muy delicado.

Desde afuera llegó el sonido de una sirena en el canal. Adentro, el grupo seguía inmóvil. Las lágrimas comenzaron a aflorar.

Claire se puso de pie de un salto y corrió a la ventana; golpeó el antepecho con ambos puños.

– ¡Carajo! ¿Por qué lo hizo?

– ¿Por qué no nos llamó? -preguntó Maggie-. Podríamos haberla ayudado.



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