
El doctor Feldstein les dio un momento para aclimatarse a esos sentimientos antes de inclinarse hacia adelante y hablar con su voz rica y resonante.
– Ahora todos esos sentimientos que han estado cargando tanto tiempo y que les han impedido sentirse mejor son cosas del pasado. Recuérdenlo. Pienso que sin ellos se sentirán más felices y más receptivos a pensamientos saludables.
Se echó hacia atrás en la silla.
– A pesar de todo esto, no va a ser una semana fácil. Van a preocuparse por Tammi, y la preocupación se traducirá en depresión, de modo que les daré otra receta para cuando eso suceda. Quiero que hagan lo siguiente: busquen a viejos amigos, cuanto más viejos mejor, amigos con los que han perdido contacto: llámenlos, escríbanles, traten de verlos.
– ¿Se refiere a amigos de la secundaria? -quiso saber Maggie.
– Claro. Hablen sobre los viejos tiempos, ríanse de las cosas ridículas que hacían cuando eran demasiado jóvenes para ser sensatos. Aquellos días representan una época de nuestras vidas en que la mayoría de nosotros carecía de preocupaciones. Lo único que teníamos que hacer era ir a la escuela, sacar notas más o menos pasables, quizá mantener algún empleo de pocas horas y divertirnos mucho. Al regresar al pasado, muchas veces podemos poner el presente en perspectiva. Traten de ver cómo se sienten. Luego trabajaremos sobre eso en nuestra próxima sesión. ¿De acuerdo?
La habitación se llenó de los suaves sonidos de movimiento que indicaban el final de la hora. Los miembros del grupo se desperezaban, se acomodaban en el extremo de las sillas y tiraban al cesto los mojados pañuelos de papel.
– Hoy cubrimos mucho terreno -dijo el doctor Feldstein al tiempo que se ponía de pie -. Creo que fue muy positivo.
Maggie fue hasta el ascensor con Nelda. Sentía más afinidad con ella que con los demás, puesto que sus situaciones eran las más parecidas. Nelda podía ser algo superficial y hueca a veces, pero tenía un corazón de oro y un sentido del humor a prueba de todo.
